Más allá de los Breves Espacios

Y en cada otoño, el rey Hades aguardaba a su amada Perséfone, encendido en el mismo deseo que lo habitó al verla por primera vez. 

Aquello no era el simple capricho de una pasión efímera; era el instante sagrado en que volvía a sentirse completo.

Porque el amor no se reduce a los buenos momentos ni a los espacios breves: el amor es entrega, es espera, es latir con la certeza de que todo se transforma.

Así, como los planetas que orbitan alrededor del sol, dos corazones danzan en el cosmos, suspendidos en la eterna esperanza de volver a encontrarse.

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