Cuando te miras al espejo y sientes que no puedes más... Que ya diste todo, que te falta fuerza, que estás a punto de rendirte… Aparece esa persona.
No con un discurso, no con soluciones. Solo con una palabra. Una simple, pero llena de amor. Sin presión, sin exigencias, sin hacerte pensar de más. Y esa palabra... te abraza. Te recuerda que no estás sola.
Que aunque estés cansada, sigues aquí. Que aunque todo pese, tú sigues de pie.