Pasaron años y mucho aprendizaje para entender que, detrás de cada regaño, de cada consejo repetido y de cada "hazlo bien", mi mamá solo quería lo mejor para mí.
No siempre lo entendí, a veces me sentí incomprendida, pero hoy miro atrás y veo cuánto amor había en cada una de sus palabras y acciones.
La casa de mami no es solo un lugar, es un refugio, es el abrazo que me sostuvo cuando todo parecía derrumbarse, es donde aprendí a ser fuerte, aunque no me diera cuenta en el momento. Y qué mucho me ha apoyado… en mis momentos más duros, cuando nadie más entendía, ahí estaba ella, sin soltarme, sin juzgarme, simplemente estando.
Si aún tienes a tu mamá, abrázala, escúchala y valóralo todo, porque el amor de una madre es el regalo más grande que la vida nos da.