Despiertas el día que entiendes que no necesitabas la aprobación de nadie… solo la tuya.
Despiertas cuando te das cuenta, que por años escuchaste voces ajenas diciéndote: “Sométete, Calla, Haz lo que tienes que hacer como mujer, Cumple como esposa.”
Y tú lo hiciste, diste tu tiempo, diste tu energía, Diste tu cuerpo, tu paciencia, tu comprensión. Lo diste todo.
Y muchas veces… no recibiste nada, ni reconocimiento, ni cuidado, Ni el mismo amor que ofrecías sin medida.
Pero un día algo cambió. Te miraste sin miedo y entendiste que no naciste para encogerte, que amar no es desaparecer, que ser esposa no es dejar de ser mujer y que ser buena no significa dejar que te vacíen.
Despiertas cuando ya no pides permiso para existir. Cuando tu voz pesa más que la opinión ajena. Cuando decides que tu paz vale más que quedar bien.
Despierta, mujer, Tu aprobación es suficiente, Tu amor propio es ley, Y ahora caminas con la certeza de quién eres.