El día que giras el rostro hacia ti

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El día que giras el rostro hacia ti, el viento cambia de dirección.

Las mismas voces que aplaudían tu silencio
empiezan a incomodarse con tu eco.

Durante años fuiste puente, fuiste lámpara, fuiste casa abierta.

Hasta que un día entendiste que también eras territorio.
Y cuando el territorio decide no ser invadido,
los mapas ajenos se rompen.

Casi nadie salta al vacío por curiosidad.
Saltamos cuando el suelo conocido empieza a arder.
Cuando lo familiar pesa más que lo incierto.

Cuando el dolor de quedarnos supera el vértigo de irnos.
No es valentía pura, es supervivencia del alma.

Crecer es eso:
atreverse a cruzar el mar aunque la orilla todavía susurre tu nombre y aunque el mundo parezca ponerse en contra,
no es guerra… es reordenamiento.

Porque cuando te eliges, no se cae el mundo.
Se caen las versiones tuyas que vivían para sostenerlo.

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