Hasta tu misma te sorprenderás

illustration
Porque no fue la fuerza de tus brazos la que te sacó de aquel océano... fue la fuerza de tu alma.

Hubo noches en que sentiste que las olas te tragaban, que no había orilla, que la vida te quedaba grande.

Pero aun así, tu espíritu seguía brillando bajo el agua... y esa luz fue la brújula que te guio a tierra firme.

Cuando llegue ese momento —y llegará— no vas a contar tu historia desde la herida, sino desde la transformación.

Dirás: “No me salvé por suerte. Me salvé porque desperté.”

Porque en cada caída la vida te enseñó a flotar, y en cada silencio aprendiste a escucharte.

Y cuando por fin emergiste, no regresaste igual: regresaste más sabia, más suave, más fuerte... y más tú.
Algún día lo contarás.

Hoy, simplemente... lo estás viviendo.

Y eso ya es un milagro.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *