A veces la vida nos mueve, nos pausa o nos cambia el ritmo… y de momento sentimos que las palabras ya no fluyen como antes.
Pero escribir no siempre nace del dolor: también nace del silencio, de los procesos internos, de los ciclos que se transforman.
Hoy me siento en un punto donde estoy aprendiendo a escucharme de nuevo.
A conectar con mi intuición. A tomar aire profundo y recordar quién soy, más allá de lo que pasa a mi alrededor.
No siempre tenemos que tener claridad para empezar. A veces basta con poner una palabra… un pensamiento, una sensación… y dejar que el corazón termine el resto.
Hoy escribo para abrir espacio a mi voz otra vez. Porque aunque a veces me detenga, mi alma siempre tiene algo que decir.