A veces siento que somos dos cometas atados a cielos distintos, girando en órbitas lejanas pero mirando el mismo sol.
Qué difícil es saber que ambos tenemos raíces en otras tierras, promesas sembradas en otros cuerpos… y aun así, nos nace la ilusión de volvernos a cruzar en el aire.
No es fácil cargar con este suspiro disfrazado de fortaleza. No es fácil saberse ajeno y a la vez tan íntimo. Nos duele bonito, como duele un recuerdo que no se vivió del todo, como duele un beso que no se dio, pero se pensó.
Quizás no seamos destino, pero fuimos instante. Y a veces, un instante basta para soñarse eternidad. -MV