Ya no queda nada por lo cual luchar….

Porque lo permití todo. 

Permití silencios que gritaron más que las palabras,
ausencias disfrazadas de compañía,
promesas vacías y esperas interminables.

Me quedé sosteniendo algo que ya estaba roto.

Y duele aceptar que a veces no se pierde
por falta de amor... ,
sino por exceso de tolerancia.

Hoy entiendo algo:
no todo lo que se ama se debe salvar.

A veces, lo más valiente es soltar.

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