Ayer, en medio de un tapón, miré al cielo... Y pensé: qué maravilloso es Dios.
Usa momentos tan triviales —como una incomodidad, una espera— para recordarnos que Él es el primer y más grande Artista.
El cielo estaba pintado con matices de rojo, violeta y rosita... colores que parecían danzar y formar imágenes llenas de paz.
Y ahí comprendí que, incluso en medio del caos, Dios nos regala belleza para enseñarnos a ver la vida con una perspectiva diferente.
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