Hablo en nombre de todas las mujeres

De las que alguna vez nos perdimos tratando de ser suficientes.

De las que dimos más de lo que teníamos, intentando sostener algo que ya pesaba demasiado.

Hablo por las que dudaron de su valor, por las que aprendieron a amarse después de romperse, por las que hoy deciden con el corazón claro y la mente en paz.

Porque hay momentos en que entendemos que no todo lo que queremos nos conviene, y que la verdadera sabiduría está en soltar lo que no encaja, aunque duela.

Nosotras no buscamos perfección… buscamos claridad, empatía y amor propio. Y eso, mujeres, es nuestra mayor fortaleza.

¿Y por qué no? Hombres también.
Porque ellos también sienten, dudan, se rompen y se reconstruyen.

También buscan paz, comprensión y amor propio. No importa el lugar donde te encuentres, ni cuánto hayas caído o cuánto te falte por sanar. Al final, todos compartimos el mismo camino: aprender a reconocernos, a sanar y a elegirnos.

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