Hay presencias que pesan, miradas que no tocan pero hieren, palabras que no se dicen pero arrasan como tormenta.
A veces basta una falta de respeto, un gesto de indiferencia, para absorber la energía de quien confía, para arrancarle la calma a un corazón vulnerable.
No se mide el daño en gritos, se mide en silencios rotos, en la autoestima que se deshace como ceniza, en la herida que queda abierta mientras quien la provoca camina como si nada, sin culpa, sin memoria, sin eco.
Pero incluso en ese vacío hay una semilla. Una mujer puede sentir que ya no queda nada, puede hundirse en noches sin voz, puede creer que su fuerza fue robada… y, aun así, resurge.
Mujer: aun cuando alguien haya intentado arrebatar tu luz, no podrán apagar tu raíz. Te levantarás, y cuando lo hagas, serás más poderosa que la sombra que te quiso consumir.