Elegir el camino recto no siempre significa caminar sin tropiezos.
A veces, incluso con las mejores intenciones, la vida nos sacude con dolor, con palabras que hieren, con pruebas que parecen injustas.
Y es entonces cuando descubrimos que no todo lo correcto es lo que creemos.
La vida, con su misterio, nos muestra que el verdadero sendero puede ser aquel que dejamos atrás, esa decisión que parecía pequeña pero guardaba la claridad.
Porque crecer duele, y aprender a soltar duele más… pero siempre nos acerca a la verdad que el alma ya conocía.