Cuando por fin ves la luz al final del túnel… No sabes en qué momento dejaste de temerle a la oscuridad.
Porque fue ahí, en lo más profundo del silencio, donde algo dentro de ti despertó.
El camino fue denso… pesado… casi eterno. Pero la luz no apareció de repente… siempre estuvo llamándote, susurrando tu nombre en lo invisible. Y tú, sin entenderlo, comenzaste a seguirla, no con los ojos… sino con el alma.
Cada paso te despojaba, cada herida te abría, cada caída te transformaba.