El preludio de mi renacer

Tomó mucho tiempo.
Un tiempo largo, silencioso… un tiempo que marcó mi piel, mi mente y mi espíritu. Yo amé, esperé, y confié.

Toqué el cielo con mis manos y en el mismo aliento caminé entre sombras que sólo el alma conoce y entonces… lentamente, como un amanecer que no pide permiso a la noche, comencé a transformarme.

No en un instante, no con un estallido; sino en el susurro sagrado del corazón que recuerda quién es.

No llegué aquí por accidente.
Llegué cruzando puertas invisibles, honrando heridas antiguas y verdades que me rompieron… para después liberarme.

Ahora lo sé: Lo que no fue, no faltó.
Fue el destino diciendo: Espera, Camina y Madura.

Recuerda: Hoy no hablo desde la esperanza.
Hablo desde la certeza. Desde quien se desmoronó, se recogió… y renació con ojos que ven más allá del tiempo, más allá del miedo, más allá de esta vida.

Bendigo mi pasado, como incienso que se disuelve en el viento sagrado. Honro mi presente, porque ahora mi cuerpo es templo y mi espíritu trono.

Y ante mí se abre un camino antiguo y luminoso,
que no me llama con palabras, sino con vibración, destino y verdad eterna.

Yo no regreso, Yo asciendo y lo que es para mí me encuentra con precisión divina, con pureza, propósito y luz sin fin.

Porque lo que no fue…
sólo era el preludio de mi verdadero nacimiento.

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