Luna que brillas en la noche silenciosa, guardián de los susurros del alma perdida, tu luz atraviesa sombras, temores y dudas, y en tu espejo plateado, renace mi esencia.
Cada rayo tuyo es un hilo de magia, cada cráter un portal hacia lo desconocido. Me llamas a recordar quién soy, me invitas a soltar, a sanar, a elevarme. Bajo tu abrazo, lo viejo se disuelve, y lo nuevo despierta, suave y poderoso.
Luna, hermana del misterio y la intuición, hazme navegante de mi propia luz, y aprendiz eterna de tu sabiduría infinita.