En la vida luchamos y luchamos por tener seguridad y estabilidad en la persona que elegimos. Ponemos esfuerzo, corazón y esperanza… Pero a veces no miramos en una sola dirección, y ahí es cuando la corriente se dispersa.
Suele pasar que nadamos con todas nuestras fuerzas para llegar a la orilla, y en lugar de acercarnos, esa orilla parece hacerse más lejana… Y en ese proceso, los corazones se vuelven de piedra, cansados de tanto nadar sin llegar.