Aprendí a no caer en palabras bonitas, sino en acciones que hablen más fuerte que cualquier discurso.
Porque al final, cualquiera puede prometer, pero no todos saben cumplir.
Hoy mi corazón ya no se deja convencer por adornos, se guía por la verdad, por la coherencia y por lo que realmente me hace sentir en paz.
La seguridad no me la dieron los demás… me la dio el camino, las caídas y el valor de levantarme.
Ahora sé que soy yo quien decide a quién darle acceso a mi energía y a mi vida.
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