La verdadera amistad se parece mucho a lo que Dios hace con uno.
No te juzga.
No te señala.
No te exige explicaciones cuando lo único que puedes hacer es llorar.
La amistad real es esa que te acompaña en el silencio, que te abraza en el caos, que camina contigo sin condiciones.
Es compasiva.
Es empática.
Es presencia… sin necesidad de palabras.
Así como Dios…
Que no te abandona cuando fallas.
Que te ama cuando tú ni te entiendes.
Que se queda cuando otros se van.
La amistad verdadera no grita, no critica, no hiere.
Sana contigo.
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