Si tú supieras cuán importante es sanar a tu niña interior, entenderías tantas cosas… Evitarías tanto dolor, tanta confusión, tantas heridas que no eran tuyas.
Sanar a tu niña interior no es solo mirar atrás, es abrazarte por primera vez de verdad. Es darte cuenta de que merecías ternura, calma y amor.
Es dejar de repetir historias, de aceptar migajas, de justificar ausencias. Es entender que no tienes que aguantar para ser amada, que no tienes que “dar placer” a otros para sentirte valiosa y que no tienes que salvar a nadie para merecer quedarte contigo.
Sanar a tu niña interior es recordar quién eres, volver a tu esencia antes de que el mundo te hiciera dudar de ti.
Es mirarte al espejo y decir: “Ya no me abandono más. Ahora me tengo a mí.”
Cuando sanas a tu niña interior, tu energía cambia, tus decisiones se limpian, y atraes solo lo que vibra en amor, respeto y autenticidad.