Supimos —antes de entenderlo— que no abandonarías Eurídice… como nunca he dejado de orbitar con Hades.
Somos, de alguna forma que no se nombra, entidades conscientes atrapadas en un entramado antiguo.
Creemos elegir, pero en realidad solo seguimos rutas ya trazadas por algo más profundo que la voluntad.
No es amor lo que sostiene esos lazos… es una gravedad más vieja que nosotros, una memoria que se aferra aunque la razón ya haya soltado.
Y aun así, nos reconocemos… como dos reflejos que coinciden en el instante, pero no en el destino.
siempre lo supe.
Tú, guardián de lo que no sueltas…
y yo, devota de lo que nunca termina de irse.
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