Sabes...a veces no es el cuerpo el que enferma…
es el alma, y el cuerpo solo lo confiesa en silencio.
No es el corazón… es el rencor que lo aprieta.
No es el estómago… es la angustia que quema.
No es la espalda… es el peso de lo que callas.
La medicina alivia… pero la verdadera cura está en soltar lo que te envenena por dentro.
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