Y yo me quería ir, pero siempre había un obstáculo que me detenía.
No me fui por amor a otros, aunque nunca entendí bien cuál era el propósito.
Volví a sentirme débil otra vez, y me quedé, pero entendí que más me amo yo.
A veces, el corazón sabe antes que la mente cuándo es hora de avanzar.
Y cuando ese momento llega, nada nos detiene.
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